El pueblo me ha elegido. Voy a ser el primer presidente de los Estados Unidos. Debo despedirme de Mount Vernon, de mi vida privada y de mi felicidad domestica. Embargado por una tristeza y un dolor más intenso de lo que podrían expresar las palabras, abandono Nueva York dispuesto a servir a mi país respondiendo a su llamada, pero con pocas esperanzas de estar a la altura de sus expectativas.