30 de abril de 1789

El pueblo me ha elegido. Voy a ser el primer presidente de los Estados Unidos. Debo despedirme de Mount Vernon, de mi vida privada y de mi felicidad domestica. Embargado por una tristeza y un dolor más intenso de lo que podrían expresar las palabras, abandono Nueva York dispuesto a servir a mi país respondiendo a su llamada, pero con pocas esperanzas de estar a la altura de sus expectativas.

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