Guerras Italianas – Cap.4

Roma, Italia – 1498 – Pedro Calderón

TODO CAMINO LLEVA A ROMA

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Lucrecia Borgia vive en el convento de San Sixto mientras su padre, el Papa Alejandro VI ya está buscándole otro marido. Creen que soy un simple correo, y no sospechan que soy leal a su enemigo jurado.

Cartas Revueltas

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Como tengo acceso al sello de Alejandro y a sus cartas, paso mucho tiempo estudiando su correspondencia privada. Mis Hermanos suelen pedirme que falsifique cartas con la caligrafía del Papa, y lo hago.
Renegocio uno de los tratos de Alejandro. ¡Es imposible que Francia acepte esta nueva oferta!
Estos cumplidos son tan falsos que bien podrían ser insultos. ¡Voy a cambiarlos!
Cambio un indulto por una condena. De todos modos, planeábamos asesinar a ese hombre.
Jamás pagaría tanto por un mueble. Seguro que Alejandro tampoco, pero ahora ha aceptado.
Escribo una carta de Alejandro a Lucrecia, con las cosas que una hija necesita oír de su padre. Él nunca las diría, así que decido quemarla.
Mis actos no tardarán en llamar la atención de Alejandro y su hijo, pero me habré ido antes de que puedan seguirme la pista.

Todo Oídos

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Los Borgia son crueles y jactanciosos. Aunque me tortura escuchar en silencio sus perversos planes, sé que esta información beneficiará a mis Hermanos.
César, hijo de Alejandro, muestra a su padre una lista de ejecuciones, y ambos ríen a carcajadas. Siento náuseas al reconocer algunos de los nombres.
Hablan de Lucrecia como si fuera una propiedad que pueden vender para obtener más poder.
Me reconforta oír que han perdido barcos por culpa de los piratas berberiscos, pero después me entero de que han propuesto un trato a los capitanes enemigos.
¡Tanta traición enmascarada tras la imagen impoluta de la Santa Iglesia! ¡Qué asco!
Girolamo Savonarola ha sido ejecutado en Florencia. La noticia contraría a Alejandro. Parece que Savonarola tenía algo que querían, y ahora le han perdido la pista.
¡Un día provechoso en la guarida de los Borgia! Me voy tras descubrir varios tratos, engaños y planes que mi orden tratará de desbaratar.

Mascarada

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Paso mucho tiempo en el convento, esperando las cartas de Lucrecia a su padre. Creo que ella preferiría no saber nada de él. Se ha refugiado aquí huyendo de su política, pero ambos sabemos que esto no durará.
La oigo llorar mientras lee el mensaje de su padre. Me siento un poco responsable.
Observo su rostro mientras lee. Me pilla mirándola, y aparto los ojos enseguida.
Ya he leído el contenido de la carta: noticias de su ex marido, planes para sacarla del convento. Asuntos en los que ella preferiría no pensar.
A ratos se muerde el labio, sin dejar de leer. Se me escapa una sonrisa.
También me han ordenado abrir sus cartas, pero he dejado de hacerlo. En ellas no hay nada importante para nosotros.
No me gusta engañar a Lucrecia, pero para mantenerme dentro del círculo de su padre debo fingir que soy un mensajero. Ojalá hallara la forma de salvarla de su familia, pero no es mi misión.

EL FAVOR DE LA DAMA

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¡Soy un loco! He decidido seguir mi corazón, pues no puedo cruzarme de brazos mientras la familia de Lucrecia la arruina la vida. La mía tampoco valdrá nada si no estoy con ella.

Ella que lo tiene todo

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Aunque he visto los valiosos regalos que envían a Lucrecia los aliados políticos de su familia, siento que debo encontrar algo digno de su belleza. Al fin y al cabo, soy hombre de recursos.
Durante una de mis misiones, consigo un regalo muy caro. Me entretengo un rato limpiándolo de sangre.
Como trabajo para el Papa, consigo que algunos de los regalos que le mandan acaben en manos de Lucrecia.
Solo necesito un par de amenazas para conseguir un regalo que jamás habría podido pagar.
Mis Hermanos y yo tenemos aliados entre los artesanos, así que me dan piezas magníficas a cambio de favores.
Giulia me ayuda a encontrar un regalo que le encantará a Lucrecia. ¡Consigo el efecto esperado!
Ignoro si aprecia los regalos en sí, pero sin duda valora los esfuerzos que hago por encontrarlos. No podríamos ser más diferentes, pero nos estamos encontrando a mitad de camino.

Casamentero

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En los últimos meses, me he hecho amigo de Giulia, la camarera de Lucrecia. Mis Hermanos me eligieron por mi habilidad para el engaño, pero ella ve a través de mi disfraz, y me obliga a actuar.
Giulia me cuenta que su señora habla bien de mí cuando no estoy delante.
Me han invitado a cenar. Giulia ha cocinado para mí los platos favoritos de Lucrecia, y cuando terminamos me pregunta por ellos.
Giulia me dice que Lucrecia está celosa de que pasemos tanto tiempo juntos. Nos reímos.
Me sorprende cuánto sabe la camarera de la política romana y de su influencia en su señora. Se fija en cosas que incluso a mí se me escapan.
Giulia me ha sugerido mejoras para impresionar a su señora. Se mete con mi peinado, los botones de mi ropa y el modo en que camino. Según ella, me muevo como un asesino en las sombras. ¡Qué sagacidad! Me alegro de tenerla de mi parte.
Gracias a Giulia he descubierto cosas sobre Lucrecia que no habría descubierto por mí mismo. Cuanto más averiguo sobre ella, más me atrae. ¡Es un juego muy peligroso!

Primeras Impresiones

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He decidido actuar ya. Presiento que Lucrecia espera que lo haga, pero si me equivoco… No, no debo pensar en ello. Sé que no dejaré de atormentarme si no lo hago.
Tengo una lengua muy ágil, pero hoy me falla. Intento explicarle mis sentimientos y acabo confundiéndola. Al salir de la estancia, la oigo reír al otro lado de la puerta.
Lucrecia se ha confiado conmigo, pidiéndome opinión sobre su ropa, leyéndome sus poemas favoritos y preguntándome por mis “aventuras” como mensajero. Le explico que hasta ahora la más emocionante ha sido visitarla.
Me habla de su primer marido, Giovanni. No es asunto que me incumba, pero me alegra saber que era impotente. Me pregunta si me siento identificado con él y respondo que no puedo. Se sonroja.
Llevo a Lucrecia de paseo por el convento. Al principio, mantiene las distancias. Sabe qué significa que la vean pasando el rato con alguien de mi clase social. Pero al final del paseo se acerca más a mí.
Lucrecia y yo tratamos de ofendernos con los chistes más groseros. Me escandaliza que los suyos sean sobre religión, pero supongo que tiene lógica.
Últimamente he pasado tanto tiempo con Lucrecia que he descuidado mi trabajo. Conozco la importancia de mi misión, pero cada día me cuesta más ocuparme de ella.

Tentando a la Suerte

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¡Por fin estamos juntos! Ambos sabemos que esto no puede durar, pero por el momento no nos importa. Nos esconderemos de la realidad mientras podamos.
Viajamos juntos, camuflados a ojos de la gente como una noble dama y su humilde correo. ¡El engaño es excitante!
Aunque soy un asesino, me sorprende que Lucrecia esté tan dispuesta a derramar sangre: es su primera sugerencia ante cualquier problema. Supongo que le viene de familia.
Estoy a punto de revelarle la verdad.
¡Eh, Abstergo debería cobrarte dinero por pasar esta memoria! -Erudito
Lucrecia cree que nuestro secreto está a salvo. Ignora contra quién nos enfrentamos.
¡No nos rendiremos! Aunque la familia de Lucrecia y mi hermandad se oponen a nuestro amor, hallaremos la forma de huir.

CONSECUENCIAS

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¡Lucrecia está embarazada! Es una complicación innecesaria. Nuestros secretos son cada vez menos secretos. Pronto tendremos que tratar con nuestras “familias”. Intentamos seguir a flote, pero me temo que pronto nos hundiremos.

Perfil Bajo

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El peligro crece al mismo tiempo que la tripa de Lucrecia. Se oyen rumores desagradables, pero prefiero consentirlos y no involucrarme. Espero que no afecten demasiado a mi dama.
Giulia y yo tratamos de mantener a Lucrecia escondida en el convento, pero ella es testaruda y suele escaparse. En cierto modo, sigue siendo una cría, y no entiende que corre peligro.
Lucrecia cree que criaremos aquí a nuestro hijo, escondido del resto del mundo. A veces su entusiasmo casi me convence de que es posible.
Giulia me pide que convenza a su señora de que busque una madre suplente para el niño. Sé que tiene razón, pero no puedo. Este niño será un vínculo irrompible entre nosotros.
Incluso entre amigos, Giulia viste a Lucrecia con ropas holgadas para esconder la verdad.
Es difícil mantener mi farsa entre los Borgia al mismo tiempo que cuido a Lucrecia. Tengo que dejarla sola semanas enteras, y siempre me pregunto si seguirá allí cuando vuelva.
Nuestro hijo ha nacido, pero está medio muerto. Giulia ha traído a su hermano el médico para ayudarnos. Dice que el niño sufre una malformación y vivirá pocos días. Lucrecia está desolada. Temo que esto la mate a ella también. ¡Debo hallar la forma de salvarlos a ambos!

Bozal

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Mis temores se han cumplido. Hemos recibido una amenaza y un chantaje. Este hombre cree que soy un vulgar mensajero. ¡Descubrirá que ha cometido un error fatal!
He examinado a fondo el lugar de reunión. Este tipo es un novato. Ha escogido un callejón oscuro, sin testigos, y yo ya conozco todas las vías de escape posibles.
¡Vienen dos de sus amigos! Por suerte, yo he traído dos amigas: desenvaino mis hojas y clavo una en cada garganta.
Comprendiendo su error, intenta escapar. Trepo fácilmente por el edificio y le tiendo una emboscada al otro lado.
Intenta negociar conmigo, pero cuando decidió entrometerse en mis asuntos selló su destino. ¡No saldrá vivo!
Usa tácticas callejeras para defenderse y me tira tierra, piedras, sus propios zapatos… No es una pelea, es un asesinato.
Como siempre, me deshago del cuerpo y borro cualquier rastro que pueda haber dejado. He acabado con esta amenaza, pero habrá más. Debo investigar a sus allegados para saber a quién más se lo ha contado.

El Sustituto

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En cierto modo, ya tengo un hijo. Es Francesco, uno de los miembros más jóvenes de la hermandad. Aunque es poco más que un crío, es un sustituto prometedor. Le han encargado llevar mis informes a la Orden, en el momento menos oportuno para mí.
Al entrenarnos, compruebo que ha mejorado mucho durante el último año. Tan joven, y ya es rival para algunos de nuestros Hermanos.
Hoy noto a Francesco raro, más bien cabizbajo. Le pregunto por qué y dice que se encuentra mal. ¿Será que sabe algo?
Lucrecia sugiere que envenenemos a mi sustituto. ¡Manías de los Borgia!
Le enseño tácticas a Francesco, que se horroriza de mi brutalidad. Para su desgracia, cree en el honor y el juego limpio. Algún día eso le va a costar un disgusto.
Francesco me pregunta por Lucrecia. Eso me alarma, pero no lo demuestro. Le doy un informe rutinario de su correspondencia con Alejandro y nada más.
Francesco le llevará a la Orden mi informe. ¿Entregará también el suyo? Jamás le haría daño, así que debo confiar en él y dejar que se vaya. No puedo hacer nada más.

HUIDA DESESPERADA

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En este punto, no espero que mis hermanos me rescaten. ¿Volveré a ver a Lucrecia? Mi hijo sigue vivo, pero ¿por cuánto tiempo? Cuando ya no albergo esperanzas, recibo una visita ¿Giulia?

La Velocidad es la Clave

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Giulia me enseña el estuche de aseo de Lucrecia, en el que hay alfileres y limas de varios tamaños. ¡Qué astuta! Sabe más de mí de lo que sospechaba. Se disculpa por no tener herramientas adecuadas, pero estas me servirán.
Nunca he forzado una cerradura entre barrotes. El ángulo es incómodo, pero parece que funciona.
Giulia no deja de parlotear, supongo que para controlar sus nervios. Le recuerdo que para trabajar necesito silencio.
¡Se me ha roto un alfiler! Giulia lo reemplaza por otro. Oímos hablar a los guardias arriba.
Creo que estoy haciendo progresos, pero estas herramientas son mucho peores que las que suelo utilizar.
Con la herida es más difícil trabajar. Me duele cuando tengo los brazos estirados un rato.
La puerta se abre con un satisfactorio chasquido. No hay tiempo para admirar mi trabajo: la fuga acaba de empezar.

Sacrificio

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El hombre de la celda contigua no deja de mirarnos a Giulia y a mí. Nos pide que también lo liberemos. No le hago caso, pero empieza a gritar y nos pone en peligro. Le engaño para que se acerque a los barrotes y le agarro.
Intento taparle la boca con una mano, pero no consigo acallarlo del todo.
Intento clavarle una lima en la garganta, pero se mueve y fallo.
Consigo rodearle el cuello con el brazo.
Intento golpearle contra los barrotes para dejarlo inconsciente, pero solo consigo dejarle sin respiración.
No esperaba un asesinato fácil, pero es mucho más fuerte de lo que creía.
Está muerto. No creo que llegue a saber quién era ni por qué estaba encerrado a mi lado, pero no me ha dado opción. Giulia intenta no vomitar.

Plan de Acción

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No esperaba que Giulia apareciera. Casi me había rendido, pero ahora debo hallar un modo de protegerla a ella, y también a mi hijo. He descubierto un secreto de mi Orden que puede salvarle la vida. Pero ¿a qué precio?
Giulia dice que su hermano me espera fuera, con mi hijo. Lo llevaré a Agnadello, donde podría aguardarme un milagro.
Tendré que robar un caballo y cabalgar rápido para sacar ventaja a los Borgia.
Debo matar a un guardia para conseguir un arma.
No debo comunicarme con Lucrecia. Es demasiado peligroso. Ella echará sobre mí todo el poder de su familia cuando se dé cuenta de que tengo a nuestro hijo.
¡Giulia no debe verse implicada! Seguirá a salvo entre las sombras mientras trato de buscar una salida, y quien la vea ha de morir. Ella y su hermano volverán a casa e informarán de la desaparición del niño cuando me hayan dado ventaja suficiente.
Tenemos un plan, por descabellado que parezca. ¡Debo hacerlo, por mi hijo y por Giulia!

Talentos Ocultos

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Al entrar en las mazmorras Giulia ha visto a varios guardias, pero estaban relajados y distraídos, y ninguno la ha visto. Para ellos no soy un prisionero peligroso, sino un vulgar mensajero. Habrá poca vigilancia, pero no confío en escapar sin pelear.
Con sigilo, me abalanzo sobre un guardia. Antes de que pueda darse cuenta, le retuerzo el cuello y le rompo las vértebras. Después le quito la espada.
Indico a Giulia que se detenga y me acerco a un guardia. Le tapo la boca con la izquierda, y con la derecha le clavo la espada en el abdomen. Muere en cuestión de segundos.
Un guardia se las ha arreglado para esquivarnos. Ha visto a Giulia y yo le golpeo en la cara.
Digo a Giulia que se calle mientras pasa un guardia distraído. Su negligencia le ha salvado la vida.
Tiro a un guardia por las escaleras y me encojo al oír el estrépito de su armadura al caer. Se agita un poco y se queda inmóvil. No creo que esté muerto, pero nos iremos antes de que se dé cuenta de lo que pasa.
¡Somos libres! Giulia se reúne fuera con su hermano. Este acuna a mi hijo moribundo, y yo juro volver a por él cuando descubra cómo salir de la ciudad. El hermano de Giulia restaña mi herida y me confirma que puedo cabalgar.

A Galope Tendido

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Mi Orden tiene en Agnadello un artefacto con poderes que no sé explicar. ¡Si puede curar a mi hijo, iré adonde sea! Necesito un caballo, pero no puedo volver al convento a por el mío. Derribo a un soldado de la silla y le reto a luchar por su montura.
He elegido una víctima peligrosa: es muy hábil con la espada bastarda.
Estudio la armadura del soldado y exploto sus puntos débiles. ¡Patada a la entrepierna, y baja su guardia!
Cruzamos los aceros y él me derriba. Consigo esquivar su ataque arrojándole tierra a los ojos.
Estamos atrayendo mucho público. ¡Debo acabar cuanto antes!
Detiene mi ataque y me lanza una estocada al pecho. Me aparto, pero consigue hacerme sangre.
El soldado es bueno, pero mis tácticas desesperadas le superan. Le quito el caballo y vuelvo a por mi hijo. Algún día recompensaré a Giulia, pero antes debo terminar lo que he empezado. Tras proteger a mi hijo, parto hacia Agnadello.

MEDIDAS DESESPERADAS

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Esto es… inquietante. He seguido los progresos de los demás aprendices de Abstergo. ¿Por qué sintonizas un nuevo episodio mientras ellos siguen viendo repeticiones? ¿Dónde está la censura habitual? Debes de estar muy cerca de resolver su pequeño problema. Seguro que saben que también estoy mirando. Anda con cuidado… -Erudito

Acompañados

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Sabía que nos perseguían, pero esperaba tener más tiempo. Tan solo hemos llegado a Florencia, pero debo detenerme y planear una emboscada. Los hombres de Alejandro llegarán pronto. Dejo al caballo en un nicho y me escondo en el bosque con mi hijo. Mi arco está listo.
¡El bebé llora! Clavo una flecha en la nuca de un hombre antes de que se dé la vuelta y me vea.
Un soldado, probablemente el jefe, sigue montado a caballo. Lanzo una flecha al flanco de la bestia, que derriba a su jinete y lo pisotea.
¡Devuelven los disparos! Oigo cómo las flechas silban entre el follaje, pero no se acercan lo bastante como para preocuparme.
¡Fallo el disparo! Corrijo la puntería y la segunda flecha acierta.
Creí que había errado el tiro, pero la flecha ha quedado casi enterrada dentro del blanco.
¡Los sabuesos de Alejandro vuelven grupas! Les he asustado, pero ¿por cuánto tiempo? Vuelvo al camino enseguida y espoleo a mi caballo.

Solo

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Mis Hermanos vienen desde Agnadello para recibirme, espada en mano. Saben por qué estoy aquí, y no permitirán que utilice el Sudario. ¡Nada se interpondrá en mi camino!
¡Vincenzo! Parece que fue ayer cuando entrenábamos juntos. Intento herirle, pero él no se detiene. Descubre su costado y reacciono. Ya le lloraré más tarde.
¿Por qué me atacan de uno en uno? Juntos no tardarían en vencerme.
Este aprendiz golpea bajo, y yo lo hago alto. Le he dejado una cicatriz espantosa, pero quizá sobreviva.
Oigo el chasquido de una muñeca, y lanzo una estocada a mi espalda. Mi espada se clava en un asesino que se movía para matarme.
Un cuchillo arrojadizo se hinca en mi hombro. Me lo arranco, lo lanzo y lo clavo en el ojo derecho de su dueño.
Dejo a mis Hermanos muertos o malheridos y continúo. Ya no puedo volver a la Orden, ni a Roma. Solo a Agnadello.

PSICOSOMÁTICO

GuerrasItaFOUR 23

Mis enemigos vendrán en gran número si mis Hermanos no llegan a mí primero. Daré mi vida por mi hijo, apostando todo a una leyenda. Ya no me queda fe, pero estoy lleno de esperanza desgarrada.

Revelación

GuerrasItaFOUR 24

¡Qué belleza! Es un objeto sencillo, doblado dentro de una vulgar caja de madera, pero también es mucho más. Lo oigo dentro de mi cabeza, y siento que quiere curar mis heridas. ¡No! ¡Estoy aquí por mi hijo! Envuelvo su cuerpecito en el Sudario.
MATERIAL DEFECTUOSO, me dice. Le digo que no es así, pero insiste. ¡Le ordeno que lo cure!
Siento que me estalla la cabeza. Tengo que concentrarme al máximo para no desmayarme.
¡Mi hijo chilla! Tengo que obligarme a dejarlo dentro del Sudario. ¿Qué otra posibilidad le queda?
Acuno a mi hijo, envuelto en el Sudario. Este tararea una extraña canción, y la voz de mi cabeza canta a coro.
TU DOLOR ES TEMPORAL, IGNÓRALO, me ordena. ¿No comprende que no es más que un bebé?
Saco a mi hijo del Sudario. Ya no está llorando. Me mira con ojos húmedos, y me pregunto si se habrá curado de verdad. ¿Merece la pena todo el daño que he causado? Guardo el Sudario en la caja y me marcho.

VIDA Y MUERTE

GuerrasItaFOUR 25

He agotado casi todos los recursos para reducir el castigo de Pedro por sus crímenes, pero temo no poder hacer nada más. Le daremos caza esta noche. Maldita sea su estupidez… ¿todo esto por una puta de los Borgia?

Piedad

GuerrasItaFOUR 26

¡Qué dilema! Le debo mucho a Pedro, que me enseñó a actuar y hablar como un hombre, aunque soy más joven que mis Hermanos. También a pelear y a vivir. ¡Cómo me duele su traición! Siento que debo defenderle, pero ¿lo creo de verdad?
Pido a mis Hermanos que se apiaden de Pedro, pero contestan que él no tendrá piedad con nosotros.
Dicen que ha roto nuestras normas, y ha comprometido a la Hermandad.
¡Qué red de mentiras! El niño. Lucrecia. ¿Qué les habrá contado a los Borgia?
Ha matado para guardar su secreto y nos ha dado informes falsos.
Los actos de mi maestro invalidan mis argumentos para defenderlo.
Está decidido. Pedro morirá.

Temeridad

GuerrasItaFOUR 27

Hombres de Alejandro, ensangrentados en el suelo. Sin duda, víctimas de Pedro. ¡Qué chapuza! Ha dejado a varios vivos, y aún van tras sus pasos. Si le siguen hasta Agnadello, podemos perder el Sudario.
Nunca he matado a nadie. Mis Hermanos intentan apartarme, pero consigo mantenerme en el centro del combate.
Desjarreto a un soldado distraído. Se desploma y pronto cae víctima de mis Hermanos.
Entro y salgo de la pelea, procurando no ser un estorbo y ayudar donde pueda.
Casi me acuchillan la cara. Un Hermano me empuja y me derriba antes de que me alcancen.
Mis Hermanos asesinan con elegancia y precisión pasmosas. ¡Algún día estaré a su altura!
Examinamos la zona y comprobamos que los hombres del Papa están muertos. Agnadello sigue a salvo por ahora.

Sabuesos

GuerrasItaFOUR 28

Hemos llegado a Agnadello, pero demasiado tarde. Pedro ha dejado un reguero de destrucción. Hemos hallado cuerpos de Hermanos tirados en callejones y nichos. ¿Cómo ha podido hacer esto?
En Agnadello dicen que Pedro y su hijo han acampado fuera de la ciudad. Mis Hermanos están ansiosos, pero yo siento náuseas.
En casa de Rinaldo encontramos el Sudario, dentro de la caja. No hay señal de Pedro. ¿Ha sobrevivido?
Decidimos separarnos. Los Hermanos heridos se quedarán atrás, mientras los demás interrogamos a los ciudadanos.
Pedro no parece él. Ha dejado demasiadas huellas.
Tanta carnicería por un crío nacido de una Borgia que más parece una prostituta… No lo entiendo.
Sabemos que Pedro estuvo aquí hace poco. Si ha salido de Agnadello, no puede estar muy lejos.

Crescendo

GuerrasItaFOUR 29

Pedro nos espera en su campamento. A los Hermanos les inquieta herir por accidente al bebé, pero a mí me preocupa más mi maestro. ¿No hay modo de salvarle? ¡Una flecha clavada en el Hermano que tengo al lado responde mi pregunta!
En la orden no hay nadie tan hábil con el arco. No nos deja acercarnos.
Un Hermano se agarra a mí, con la garganta atravesada por una flecha, pero no puedo ayudarle.
Apunto a Pedro y le disparo, pero mi flecha solo le roza. Me mira con un gesto de tristeza, y no me devuelve el disparo.
Dos Hermanos corren hacia el campamento, pero Pedro mata a uno a mitad de camino. Sin tiempo para cargar otra flecha, lanza un cuchillo al vientre del segundo hombre.
Tratamos de razonar a gritos con Pedro. Él nos responde con flechas.
Hemos hallado la forma de avanzar. Rodeamos a Pedro, pero acabará con unos cuantos antes de morir.

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